le sonreí y le dije:
No tienes que responder,
no tienes que pensarlo,
ni siquiera recordarlo…
es mi sentir,
es mi alma fija que se resiste.
Así soy.
Mi alma es triste, sí.
Cruje como una galaxia rota.
Pero es leal,
profunda,
viva.
Eso no se negocia.
No se reemplaza.
No se pierde.
Eso permanece
cuando todo lo demás
cambia de manos.
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