La rutina perdió una sombra conocida.
El día avanzó, pero algo quedó atrás.
Las horas siguieron su curso,
y en algún punto,
algo dejó de estar.
Entonces la vida revela su verdad incómoda:
no somos continuidad, sino instante.
La normalidad era solo una tregua,
un acuerdo tácito entre el tiempo y la costumbre.
Creímos que repetir era existir,
que estar hoy garantizaba mañana.
Pero la ausencia enseña,
sin palabras,
que vivir no es permanecer,
sino pasar.